Una cosa que cada vez tengo más clara es que el talento, el buen hacer y la calidad se venden solos. Llegan a todos los lugares, sitios recónditos, de los que no nos suenan ni sus nombres o lugares no tan lejanos, pero que nos son igual de desconocidos. Así como todos los amantes de esto que podríamos venir a llamar el noble arte de la coctelería, porque como en el boxeo con el beber no se juega, conocemos el Harry Cipriani de Nueva York y a veces fantaseamos con haber vivido esas épocas en las que en su barra te podías codear con Tom Wolfe impecablemente trajeado o Roger Moore o ver a algún Kennedy con su maldición a cuestas y sin saber que la muerte le acecha siempre a la vuelta de la esquina. Pues algo parecido está empezando a pasar con MALA-SAÑA, porque cada vez más gente pregunta, reconoce y desea venir hasta Oviedo para disfrutar de unos buenos tragos; que por otra parte me parece una gran razón por la que emprender un viaje.

La mayoría de las veces la gente que es muy buena en algo es por tener un don y por currarlo mucho: el virtuosismo se convierte en desdicha si no se trabaja. Cada día está más claro que sin los demás es imposible triunfar; que puede haber rivales, pero que jamás son enemigos; que hay que crear, forjar alianzas, y no destruir. Bueno, es verdad que esto lo sabemos y aplicamos todos menos los políticos; que también lo saben pero no les interesa.

Así surge la idea del Guest Bartending, una práctica muy habitual en coctelería que parte de la idea de compartir conocimientos entre diferentes establecimientos y barmans: un local invita a currar a un coctelero y así mostrar sus habilidades y creaciones. A principios de agosto tuvimos la suerte de disfrutar en MALA-SAÑA de Roberto Berlana del 1862 Dry Bar en Madrid – si tienen un hueco libre y no saben qué hacer en la capital del reino, les recomiendo que se acerquen por allí y se dejen aconsejar-. El Guest partía de sus cócteles y contaba con la colaboración de Ron Imperial -decir que Ana Suárez, embajadora de este ron, es una ovetense de pura cepa y siempre que puede hace gala de ello-; como si esto no fuese suficiente deleite para los sentidos, todo venía maridado con dulces de Casa Lobato, y a estas alturas sobra decir la maestría de Juan Luis en el arte de la repostería y pastelería. Un evento que estaba marcado en rojo en la agenda, si se lo han perdido no saben lo que han hecho: han renunciado a la felicidad.

Pero MALA-SAÑA no sólo recibe, también exporta genios, Saúl e Ivan han participado en varios ocasiones en estos Guest: dando a conocer su buena mano, haciendo llegar a más santos bebedores el local y alegrando el día.

Este verano que se va, pero aún colea, hay que exprimirlo a tope, sacarle el jugo, añadirle un buen chorro del alcohol que gusten y disfrutarlo a sorbos.

Nos vemos en la barra, brindo por ustedes.