Siempre que hablo de todo lo bueno que es y tiene MALA-SAÑA nunca insisto ni recalco de forma suficiente, más bien justa, su mejor baza y su diferencial frente a otros locales. Lo mejor no son las copas ni los cócteles, que también; no es el ambiente del local y la decoración, que por supuesto; ni el hilo musical, que combina lo tradicional y la música más vanguardista, como son ellos. Lo más importante y mejor son sus trabajadores, sin lugar a duda, todos esos hombres y mujeres que hacen posible que nos bebamos la felicidad a pequeños sorbos y a la vez perpetuos. Los de detrás de la barra, los que sirven en terraza, los chicos que custodian la puerta, los proveedores, el gran frutero que ya es un mito, los de las redes sociales, quienes diseñan la carta, el de las fotos y todos aquellos que hacen que esa idea que un día tuvieron Iván y Saul se una realidad cada vez más viva y mejor, una realidad que se engrandece de tener a los clientes, muchos ya amigos, que tiene y al equipo que día tras día está al pie del cañón: con ganas, una sonrisa y apretando al máximo. Un equipo al que, en parte, pertenezco y me enorgullezco por ello. Estar rodeado de los mejores es la única de manera de lograr serlo un día.

En este equipo que son, somos familia, estamos de enhorabuena: David se alzó hace pocos días con el Bar Guardians Challenge. David se desplazó a Barcelona, acompañado por Olaya, para hacerse con el concurso frente a otros tres aspirantes de toda España. Y, además, él, Saúl y Olaya han sido seleccionados para el equipo formado por seis barmans en total que defenderán a Galicia y Asturias frente a otras regiones del territorio patrio en la Spirit Essence. No vamos a pecar de arrogancia y asegurar el triunfo, pero tampoco de falsa humildad, si no ganan se lo pondrán muy difícil a quienes lo hagan. Porque uno que ya ha bebido y leído  en unos cuantos sitios, sabe el nivel y el buen hacer que tenemos aquí.

-Mac, ¿te has enamorado alguna vez?

-No, he sido camarero toda la vida.

Le preguntaba Henry Fonda al camarero en ‘My darling Clementine’ de John Ford. A diferencia de lo que pasaba en el lejano oeste cuando se estaba formando ese gran país que es Estados Unidos, cuna de la coctelería y, por tanto, del desarrollo y el progreso, cada vez son mejores los barmans. Como directores de orquesta componen la melodía de su local a base de agitados, removidos, gotas de sabiduría, coerción, habla y psicología. “Aborrezco estar sobrio. Es un estado que me irrita, como seguro que te irrita a ti. Si hubiese estado sobrio todos estos años no habría sobrevivido” le dice Tabet, propietario de un bar de Beirut, a Lawrence Osborne en ‘Beber o no beber. Una odisea etílica’. Más hombres salvados por un buen camarero que en terapias caras.

Nos vemos en la barra, brindo por ustedes.