No hay nada mejor antes de comenzar la fiesta que el descanso y el silencio que la preceden, ese momento en el que nos ponemos a imaginar lo que va a venir, todos nuestros planes y aventuras. Esa sensación de anhelo y esperanza ante la diversión que se abre frente a nosotros. Empalmando el día de Asturias con el inicio de San Mateo, a unos les pasará esto y otros vendrán ya con la inercia de tener un festivo a mitad de semana y de que el miércoles se disfrace de viernes.

Hoy empiezan las fiestas de San Mateo, el tan ansiado por todos San Mateo de la normalidad. A las 20:00 María Neira se asomará al balcón del Ayuntamiento a dar el pregón, tras ella Pepe Rionda (gran amigo de MALA-SAÑA) encenderá la mecha de las fiestas que comenzarán cuando el cohete explote en el azul cielo ovetense. Después de esto la ciudad estará sumida en trece días de fiesta, en los que parece que hay mucho tiempo para todo, pero luego pasa volando. Unos días para celebrar, ser felices, disfrutar, estar con los nuestros y los que queremos y nos quieren. Y nunca está de más recordar que si la fiesta se politiza deja de ser fiesta, puesto que el único fin de ésta debe ser el hedonismo.

Pero al pregón y a la pateada de caseta en caseta en caseta, de puesto en puesto, de barra en barra, hay que llegar a tono. Y qué mejor que hacerlo en la terraza MALA-SAÑA, a esa hora en la que las obligaciones laborales ya no nos asfixian, en la que el sol aún brilla con un color especial y ocre, en donde poco a poco el día va dejándole ganar terreno a la noche. Un lugar privilegiado para observar como el Antiguo se va llenando de vida, como empieza a activarse ese engranaje mateíno que en poco tiempo pasará por todo Oviedo y por nosotros. Luego corran y hagan lo que quieran, pero este momento sublime y prestoso no se lo pueden perder: una sensación que te abraza por dentro y te hace levitar.

Pero no olviden visitar MALA-SAÑA en este SM, porque vuelven a tener la barra fuera y pueden coger los mejores mojitos de la ciudad y llevárselos a dónde gocen tomarlos; porque en Porlier está el ambiente del San Mateo de siempre; porque no sólo de bocatas y cervezas vive el hombre, y un buen cóctel siempre hay que ofrecérselo al cuerpo, y más en fiestas; porque esos días de semana que la rutina del ocio ya nos invade y salimos por obligación y convicción, sentarse dentro y tomar una buena copa, sin prisas y saboreando, sirve como toma de tierra y nos recuerda que somos humanos y, por tanto, morrales aunque podamos ser eternos. Y no se olviden que aquello que escribió Levy-Kuentz en ‘Metafísica del aperitivo’: “No te embriagues para perderte, sino para encontrarte; no para olvidar, sino para recordar.

¡Viva San Mateo! Nos vemos en la barra y en la calle, brindo por ustedes.