¿Cuándo se inventó el amor? Esta pregunta me ronda desde hace unos cuantos años, porque a lo de tratar de buscarle una explicación lo abandoné ya en la adolescencia. Cada amor es distinto e igual al mismo tiempo, eterno y fugaz, pero siempre intenso. Respecto a su hallazgo, hay mil teorías, desde las más creíbles a las más disparatadas; como siempre que se elabora una tesis porque el papel lo soporta todo. He leído mucho sobre el tema y poco he sacado en claro, porque lo más importante no suele ser hallar la respuesta sino hacerse preguntas.

No tengo claro si lo mejor es un amor para toda la vida o el amor durante toda una vida; si dura tres años como escribió Beigbeder o es eterno como trata de vendernos la religión. De lo que sí que estoy seguro es que es y está: es lo que mueve las vidas de las personas y está presente en todos los ámbitos. A veces se funde con el sexo y otras se confunde, algunas también con el dinero y el poder.

Nunca está tan presente el amor como en verano, con ese sol centelleante y el cielo azul mar de Tulum, con ese halo de vacaciones en el ambiente y un aroma a sal y noches eternas; donde todo el mundo está moreno y ríe y todas las noches, quizá, bebe demasiado, pero a la mañana siguiente despiertan frescos con un baño en la mar. Por eso esta estación es la que la mayoría elige para las bodas, porque podemos ser prácticos y decir que el matrimonio es sólo un contrato, también que es un sacramento, pero lo que en verdad son las bodas son una celebración del amor máximo entre dos personas: esos que se soñaron e imaginaron cuando aún no se conocían y ahora pasarán a unirse por siempre.

Lo que tienen las bodas es que hay cientos de tipos, incluso miles, pero todas acaban siendo iguales o muy parecidas; negar esto es nadar en la ignorancia. Lo único importante de todas ellas son los que se casan, pero casi nunca suele ser así.

En las bodas uno ha de emborracharse por educación o, al menos, intentarlo. Y respecto a esto último ahora lo vamos a tener más fácil y mejor: a partir de este año MALA-SAÑA ofrecerá su servicio de bar y coctelería en bodas, fiestas y eventos. En lugar de tomar una ensalada de frutas que te dicen que es un gintonic podrás disfrutar con una buena copa. El refugio de la plaza Juan XXIII más cerca que nunca, tan cerca que MALA-SAÑA puede acompañarte en todas tus celebraciones; no hay necesidad de perder calidad y servicio, en los detalles está lo importante, y ahora se puede tener todo: una jarana es mejor si la bebida la ponen ellos. MALA-SAÑA donde quieras, cuando quieras y como saben.

Nos vemos en la barra, brindo por ustedes.