En septiembre, coincidiendo con el fin de las vacaciones para muchos y la vuelta al cóctel (muchos eligiendo nuestra coctelería en Oviedo), comenzó esta 72ª temporada de la Ópera, una tradición cultural que envuelve la pequeña ciudad durante unos meses y acerca a Oviedo a las grandes ciudades. Pese a las restricciones covid, que esperemos que sean el último año que imperen, esta temporada se estrenó con Nabucco cosechando gran éxito de público y crítica. Esta producción fue el pistoletazo de salida para todo lo que queda por delante hasta Febrero. Este 8 de octubre, está ahí ya, es el primer pase de Die Zauberflöte (La Flauta Mágica) de Mozart; y no deberían perdérselo.

Con la ópera ocurre algo parecido a lo que ocurre con la coctelería, tiende a tildarse de algo exclusivo, sólo para algunas élites y privilegiados. Y nada más falso ni erróneo que esto. Prejuicios que parten del desconocimiento y de la vergüenza patológica de la que adolecemos los españoles para preguntar lo que no sabemos. Con ambas aficiones, la ópera y las mezclas de nuestra coctelería en Oviedo, ocurre que cuando uno se adentra un poco, lo prueba, queda prendado y ya no puede abandonar ninguno de estos dos maravillosos mundos. Y sólo por lo que se disfruta, por lo feliz que te hacen: nadie debería renunciar a la felicidad bajo pena de castigo máximo.

Hay cócteles duros, con alta carga alcohólica y cierto amargor, para los que uno debe entrenar el paladar para aprender a saborearlos y disfrutar en cada trago; que es para lo que uno debe siempre beber. Al igual ocurre con las diferentes óperas, hay algunas más accesibles y sencillas para los no versados y otras al alcance del gozo de cualquiera: con Nabucco conozco a unos cuantos que quedaron prendados de la obra y ya para siempre de la ópera, gente que ha experimentado esa sensación mágica que produce y ya nunca podrá olvidar.

Ópera y coctelería, coctelería y ópera, te atrapan de esa forma que sólo lo hacen las cosas bellas. Una vez que entras en estos maravillosos mundos ya te quedas para siempre. Y recordad: “La belleza nunca es inocente porque la razón por la que nos conmueve es la misma por la que nos hiere”. Vayan al Campoamor a dejarse enamorar, a experimentar sentimientos tan profundos que quizá no supiesen que existían dentro de ustedes. Una vez rendidos a este género de música teatral. Una vez en la calle, en una de esas noches en las que empieza el frío y a resguardo siempre se está mejor, empiecen a caminar y dejen a sus espaldas el teatro Campoamor. Caminen con las canciones, melodías e interpretaciones en la cabeza y séquense la lágrima que está a punto de deslizarse por su mejilla.

Su singladura no debe terminar en otro lado que no sea MALA-SAÑA. Nada mejor que un buen trago para rematar el deleite a los sentidos y los sentimientos, que es de lo que trata el arte. Que sea aquí donde evoquen lo que han visto, donde comenten sus impresiones e inquietudes, donde analicen lo que más han disfrutado. Y todo esto condimentado con un buen cóctel de nuestra coctelería en Oviedo, o dos o los que quieran. Ópera y coctelería: felicidad. Nos vemos en la barra, brindo por ustedes.