Lo que no se ve no existe, y quien crea lo contrario está equivocado. Otra cosa es que una vez conocido sea más importante la insinuación y la salida temporal del foco que la exposición perpetua.

Esto ocurre con nuestra ciudad, Oviedo, y con Asturias, nuestra región, durante una semana y algunos días más. Gracias a los Premios Princesa de Asturias tienen la atención mundial sobre ellos -Que es muy diferente a ser el centro del mundo, puesto que la generalización siempre yerra y cada uno se centra en lo que quiere y le gusta- y sobre todas las actividades y eventos que organiza la Fundación. Mayoritariamente Oviedo, pero también otros lugares asturianos, concentra tal cantidad de acontecimientos culturales, científicos y sociales que hacen que se codee con las más magnas capitales del mundo. Si eres alguien, si de verdad lo eres, eres citado el viernes a la gala de entrega de los Premios en el Teatro Campoamor: así es la cosa, así funciona y así se la cuento.

Toda esa gente que llega, premiados, invitados, prensa y demás, quedan asombrados con esta ciudad, a la que Woody Allen, premiado en 2002, describió así: “Un paraíso, un refugio para cuando el mundo se pone peligroso (…) es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera… Oviedo es como un cuento de hadas”. Y no sé si todo lo que dicen y manifiestan es del todo cierto o lo dicen por agradar, pero vamos a creerles y a estar un poco orgullosos. Porque los artífices, en gran medida, de que aquellos que nos visitan tengan estas sensaciones y percepciones somos los ciudadanos, que con nuestra actitud, con nuestros trabajos, con nuestro hacer, con ser lo que somos, hacemos de su estancia un gran recuerdo. Y quién les dice que no se van a encontrar a uno de estos personajes al resguardo de un buen trago en la coctelería en Oviedo MALA-SAÑA.

Severo Ochoa, otro premiado, en una conversación junto a Garci, concluyeron en que la vida es física, química y una gota de misterio. Por tanto, podríamos aplicar un razonamiento parecido a la coctelería: el mejor producto, grandes profesionales y esa gota de misterio. También a los galardonados: talento, trabajo y la gota de misterio, Y en eso se basa todo el éxito del mundo, lo que muy pocos conocen es la proporción de los ingredientes que hay que verter primero en el jigger para luego agitarlos todos juntos en la coctelera.

Alcemos nuestras copas en honor de todos los integrantes de Camfed, demos gracias a su labor por tratar de erradicar la pobreza en África; por José Andrés, que está consiguiendo gracias a la cocina hacer un mundo mejor; por Carrère, que tanto nos hace disfrutar con sus libros y reportajes; también por todos los investigadores que están consiguiendo que derrotemos este virus y hacen posible este brindis; no olvidemos a Gloria Steinem ni su lucha a favor del feminismo y los derechos de la mujer; empapémonos por dentro como lo hace la gran Teresa Perales en la piscina, ejemplo máximo de superación y valentía; alcémoslas y démosles vueltas por Marina Abramovic, que ha conseguido llevar la performance de la contracultura a los museos y por Amartya Sen, que no por ser el último es el menos importante, y sus aportes y teorías sobre pobreza y desigualdad.

Nos vemos en la barra, brindo por ustedes, por los Premios Princesa de Asturias y por sus premiados.