En uno de los últimos viajes a Madrid, ese Madrid que tanto nos gusta e inspira, iba divagando en el tren. En medio de ese océano interminable entre Oviedo y León, donde la cobertura es inexistente y la luz de los vagones tan intensa y blanca que impide todo
atisbo de duermevela, pensaba en todos los cócteles que guardo en el recuerdo y en qué lugar los he bebido. Porque un cóctel puede estar magníficamente ejecutado pero si el ambiente y la localización es propicia, además de estar rodeados de buena compañía, se guardarán en el recuerdo para siempre.

Echando la vista muy atrás recuerdo los Negronis de Roma, en una bocacalle cercana a la Fontana di Trevi que, acompañados de una porción de pizza y entre el bullicio de romanos y turistas, quizás más turistas que romanos, dieron rienda suelta a las ideas de
las que nacieron los famosos aperitivos italianos de la Plaza Porlier de Oviedo. Bien es cierto que Italia es la cuna del aperitivo, pero nosotros los españoles les seguimos muy de cerca y me siento muy orgulloso de ello. Este pasado septiembre visitamos Guadalajara, la de América central. Allí nuestro guía Pancho, un tapatío de los pies a la cabeza, nos enseñó las mejores Margaritas y Palomas del mundo y así las hacemos hoy en nuestra coctelería en Oviedo, Mala Saña, acordándonos siempre del bueno de Carlos Camarena (una de las personas mas importantes en la industria tequilera) que nos acogió en su casa y nos enseñó los interminables campos de agave y la importancia de los murciélagos para la polinización de las plantas y su preservación.

Justo antes de que llegase la odiada pandemia bebimos Bellinis navegando en góndola por los canales de Venecia cuando esos vuelos directos desde Asturias nos permitían soñar con escapadas de fin de semana como si Ranón fuese Barajas.
También algún Pisco Sour, reconozco que fueron más de dos, en el Pasaje de Santa Rosa, cerca de la Plaza Mayor de Lima, reposando después de una larga caminata conociendo la ciudad. Nos gusta Perú y eso se nota en Mala Saña y en nuestras mezclas.

Probamos los famosos Sazeracs y Vieaux Carrés en Nueva Orleans, en un oscuro tugurio donde el jazz corría por las venas de todos y cada uno de los que estábamos allí presentes, recordando el ya lejano Danny´s Jazz donde bebimos mas de una cerveza y donde empezaron las primeras lumbres de Mala Saña. Hoy recuerdo ese inolvidable día y creo que Billie Holiday se me apareció para cantarme Blue Monday mientras hacía ella misma el trago. Esos y muchos más y otros que vendrán son tragos imborrables que se convirtieron en recuerdos.


Y es que no hay nada mejor que disfrutar de un cóctel clásico en el lugar donde este nace, nosotros lo hacemos por disfrute, no nos vamos a engañar pero sobre todo por aprender y hacer el cóctel como es debido en nuestra barra, en nuestro bar, en Mala
Saña.