Este mes de julio que ha entrado parece que nos va a traer temperaturas que rozarán los treinta grados, o más. Santo calor y buen tiempo, sea siempre bienvenido en esta nuestra tierra Asturiana. Que tengamos que caminar buscando la sombra, el descanso de las terrazas y el refresco de un buen trago.

Escribió Roland Barthes: “Otros países beben para emborracharse, y eso es algo aceptado por todos; en Francia, la embriaguez es una consecuencia, nunca una intención. La bebida se considera la prolongación de un placer, no la causa necesaria del efecto buscado: el vino no es sólo un filtro, sino el pausado acto de beber”. Pues esto que escribió el bueno de Barthes no sé si se le puede aplicar tanto a los franceses, la verdad; pero de lo que sí estoy seguro es que es aplicable al pueblo español. Sin fallo y sin error, el alcohol no como fin sino como medio a un estado de plenitud y alegría que sólo es alcanzable si se dan más factores, como una buena compañía.

El tinto de verano se impone como una de las bebidas más consumidas cada temporada, junto con la sangría y el calimocho son mezclas que definen el carácter del pueblo español y el modo de pasarlo bien. Quien haya estado en Sanfermines, por ejemplo, jamás podrá olvidar a esa gente de ‘morao morapio’ teñidas por el vino mezclado con cosas. Ese frescor eterno que recorre el cuerpo cuando el sol golpea desde lo alto y atajamos nuestra sed.

Pues si ya les gustan esas pseudomezclas artificiales que ofrecen en la mayoría de locales, déjenme decirles que están de enhorabuena: si prueban el de MALA-SAÑA no podrán pedir otra cosa. Hablo en serio, a punto estuve de abandonar el negroni y entregarme a las virtudes de este cóctel dionisiaco; pero como en la variedad está el gusto y la clave para disfrutar, los iré alternando.

Para darle un paso más, añaden a los típicos ingredientes su toque especial (la receta  no es secreta, pero realmente no sé muy bien lo que lleva) y lo mantienen todo mezclado y perfecto para servir en grifo. Bebida de dioses. Si con algún cóctel más sofisticado lo que queremos es la luna de esa noche en la copa, con el tinto de verano queremos bebernos la pura luz del verano. Un trago de vida y espíritu.

Y atrévanse a probar y a preguntar y a dejarse aconsejar por la gente de MALA-SAÑA, sin miedo ni temor, tampoco con vergüenza. Siéntense tranquilamente y expliquen lo que les apetece, detrás de la barra les prepararán lo que necesitan tomar en cada instante. Pero ante la duda y el desconcierto: tírense al tinto de verano.

Nos vemos en la barra, brindo por ustedes.